En 1948, Dámaso Alonso escribía un "poemilla muy incompleto" que titulaba "La invasión de las siglas" y que dedicaba a la memoria de Pedro Salinas. Un poema que comenzaba: USA, URSS. / USA, URSS, OAS, UNESCO: / ONU, ONU, ONU / TWA, BEA, K.L.M., BOAC / ¡RENFE, RENFE, RENFE! Siglas que hoy nos suenan ingenuas por lo de avanzadilla que suponían de la verdadera invasión que llegó después. La cosa no había hecho más que empezar. Cincuenta años más tarde, la invasión se ha convertido en una conquista.
La dominación absoluta del lenguaje abreviado ordena reducir conceptos complejos a básicas agrupaciones de letras. WWW, CEE, DVD… Ordena sintetizar nombres para hacer recordable una determinada imagen. YSL, DKNY, D&G... Ordena condensar palabras en mensajes cortos en busca del ahorro de tiempo y espacio. KDMS ASC?… Ordena crear una nueva jerga en las discusiones en internet. WDYT, WYSIWYG, ASAP… Simplificar. Reducir espacio. Ganar tiempo. Retener. Vender… Podríamos encontrar multitud de justificaciones a la dictadura de las siglas. Lo cierto es que en nuestro tiempo todo debe ser rápido, conciso, efectivo, contundente y corto. El reduccionismo se impone.
Nueve siglas han dado lugar a nueve contenidos en la edición impresa, que reproducimos íntegros en la película de Flash al inicio de esta editorial. De ellos seleccionamos tres para la versión web: "DNA" (desoxyribonucleic acid), un contenido conjunto a cargo de once diseñadores gráficos e ilustradores, "RIP" (rest in peace), por la fotógrafa japonesa Fuji Furusawa y "LASER" (light amplification by stimulated emisión of radiation), una interpretación del estudio de diseño gráfico de Barcelona Vasava.